Auschwitz

Aprovechando la visita que he tenido que realizar a la exposición que hay sobre Auschwitz en la Fundación Canal de Madrid para realizar un trabajo de clase, comparto hoy en el blog algunas conclusiones que saco sobre el tema del holocausto.

Se trata de una exposición organizada en cuatro secciones tituladas: ‘‘El encuentro’’, ‘‘Antes de Auschwitz’’, ‘‘Auschwitz’’ y ‘‘Después de Auschwitz’’, repartidas en 21 salas. Como el propio nombre de las secciones implica, el criterio de la exposición es temporal lineal: cada parte tiene objetos, citas de testigos, paneles de contexto histórico, filmaciones, maquetas, fotografías y testimonios de supervivientes del genocidio. No se trata de una exposición sensacionalista ni demasiado chocante, aunque da mucho qué pensar. Por eso es curioso ver a niños en esta exposición que continuamente preguntan cosas a sus padres. Seguramente los mayores nos hagamos las mismas preguntas, con la diferencia de que luego no tratamos de buscar respuesta. Seguramente muchos visitantes tras la exposición hay vuelto a ver ‘La lista de Schielder’ o ‘La vida es bella’, guardándose sus reflexiones para ellos mismos. Pero como dice una testigo en la sección final: este es un tema del que hay que hablar.

El tema del holocausto[1] es muy conocido: todo el mundo ha visto algún documental o película, o leído algo en blogs, periódicos o redes sociales. Mi experiencia es que, cada vez que se hablaba del tema en cualquier círculo de amigos en su etapa escolar (y universitaria) la conversación siempre se torcía en un rifirrafe de datos y generalizaciones: el número de campos de concentración, el de las personas que perecieron, el de los trenes que llegaban a diario, la defensa del genocidio (lo que tiene haber estado rodeado por amigos muy conservadores), las teorías conspiratorias, etc, y así horas y horas de charla sensacionalista, y que encubrían una lucha hormonal por ver quién sabía más del tema. Luego tocaba irse a clase o a jugar al fútbol.

Sobre si se puede hacer un debate público sobre el tema, considero que se suele caer en un maremágnum de reproches y discursos, en ocasiones sentimentalistas que no contribuyen a tener un debate como tal. Por ello la exposición puede motivar al visitante a conocer la perspectiva de filósofos (Hannah Arendt, Theodor Adorno), historiadores (Peter Fritzsche, Saul Friedländer), antropólogos (Daniel Goldhagen), supervivientes (Primo Levi, Víctor Frankl) etc, que han reflexionado sobre el tema para tener así una visión calmada y reposada.

De cara al trabajo, he hallado diversos materiales y preguntas, y la que más me ha llamado la atención ha sido: ¿Auschwitz[2] es algo inhumano? Y la respuesta es no: Auschwitz es el culmen de un proceso humano y racional. Para empezar, apuntemos a que los alemanes de los años 30’s no se acuestan un día tolerantes y se despiertan otro día antisemitas. Muchas fuentes evidencian que la actitud antisemita no era extraña en la sociedad alemana en particular y europea en general desde el siglo XIX: diarios personales, periódicos, correspondencia, la obra de autores como Paul Bötticher, Adolf Stoecker o Paul Lagarde, fenómenos como los progromos rusos, etc. En Alemania los nacionalsocialistas canalizarán este humanismo normalizado junto al revanchismo posterior al Tratado de Versalles (1919) y la desesperación creada por el crack de 29, para legalizar con las Leyes de Núremberg (1935) la segregación, consentidas en parte por la pasividad de muchos alemanes hacia la vejación contra judíos y gitanos. El siguiente paso de este proceso fue la Solución Final, la orden de exterminio orquestada en 1942, y apoyada en una sistematización y planificación burocrática consciente, racional y obediente[3]. Va a ser la gran victoria de los nazis: no ganarán la guerra, como se apunta al final de la exposición, pero el daño que infligieron es evidente.

Auschwitz, como afirma Hannah Arendt, no era un lugar donde se moría, sino donde se fabricaban cadáveres: es una industria de muerte creada por el hombre para terminar con el hombre. Y para crear una industria, que fue durante el siglo XIX el símbolo del progreso humano, hace falta pensar. Y pensando podemos intentar acertar por qué el ser humano, capaz de crear poesía, llega a hacer esto. ¿Por qué? Adjunto abajo del todo un audio que explica más en profundidad estas ideas.

Y ya que este es un blog dedicado a cuestiones religiosas, la gran pregunta de ‘¿Cómo Dios permite esto?’, ha recibido muchas respuestas por gente de la época. Por ahora sólo voy a exponerlas para, en un futuro, dedicar parte del blog al juicio que se ha hecho a Dios a raíz del holocausto. En verdad no lo dejo así por estética, pues verdaderamente me es muy difícil pensar en argumentos que rebatan las frases que vienen a continuación: ‘‘Después de Auscitzsch, pensar en una divinidad totalmente buena es algo incomprensible’’ (Hans Jonas, 1903-1993), ‘‘Después de Auswitzch es imposible pensar un dios que no tenga en sí el mal’’ (Karl Löwith, 1897-1973), ‘‘Existe Auschwitz, entonces no puede existir Dios’’ (Primo Levi, 1923-1985), etc.

Recomiendo mucho la visita a la exposición, sobretodo con audioguía. Continuará en Madrid hasta el 17 de junio.

https://www.youtube.com/watch?v=oOgzkD-l2lg&t=25s

[1] El genocidio nazi perpetrado en campos de concentración como Auschwitz recibe varios nombres: Holocausto o Shoa (‘‘destrucción total’’ en hebreo), Porrajmos (‘fragmentación’ en romaní) o Zaglada (‘destrucción’ en polaco), referidos a la muerte de judíos, rumanos-gitanos y polacos.

[2] Oświęcim es su nombre original polaco y Oshpitzin el ruso.

[3] El cumplimiento de órdenes alrededor del campo ha suscitado también debates e investigaciones. En la exposición se insiste bastante en la idea de que muchos soldados en Auschwitz ejecutaban las órdenes con plena normalidad, incluso rutina.

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