CINCO DÍAS EN CATALUÑA

‘‘Dar al César lo que es el César, y a Dios lo que es de Dios’’.

La entrada de esta semana está dedicada a compartir una experiencia de la que acabo de aterrizar: mi periplo de cinco días por Girona y Barcelona. ¿Por qué he viajado a Cataluña? Porque quiero dedicar mi Trabajo de Final de Carrera (TFG) a la crisis catalana. La decisión procede de la motivación académica de investigar intelectualmente lo que ocurre, así como de una preocupación más profunda. Todo comenzó a raíz de la bronca acaecida en el Parlament los días 7 y 8 de septiembre. A partir de aquel momento comencé a preguntar periódicamente a la única persona de la que tenía entonces contacto en Cataluña cómo estaba viviendo las cosas que iban pasando. Y es que sin saber por qué, las noticias que llegaban de Barcelona me interpelaban provocando inquietud y mucho qué pensar, la sensación de no entender nada, de impedirme conciliar el sueño en ocasiones, a veces ganas de llorar y la impotencia de no poder caer en la apatía.

Fueron las tremendas imágenes del 1 de octubre las que me decantaron por investigar qué había pasado, qué ocurría y a dónde iba esta crisis. Bajo mi punto de vista, los medios de comunicación y las redes sociales redundaban demasiado en ciertos temas como la manipulación de la prensa, la fractura social o el adoctrinamiento en las aulas. Y como en Historia no hay nada más nocivo que dar por sentado determinados sucesos que ocurren e insistir, insistir e insistir sin dar ejemplos concretos, desmentirlos, justificarlos y otra vez desmentirlos, decidí verlo con mis propios ojos.

Elaboré una entrevista con las que marché a Barcelona en noviembre para recoger el testimonio de los catalanes y gente que llevaba tiempo viviendo en Cataluña sobre la cuestión, y de ahí investigarlo como fuente histórica primaria. La experiencia resultó muy enriquecedora y decidí regresar a Cataluña, esta vez a Girona (fui el 24 de enero y regresé el domingo). A día de hoy sigo convencido de que han sido de las mejores experiencias de mi vida: conocer a tanta gente en tan poco tiempo (docentes escolares, profesores de universidad, periodistas, universitarios, políticos y demás personas de derecha, izquierda, independentistas, unionistas, catalanistas, etc) y aprender tanto de sus propios testimonios, no tiene precio. Sin embargo destaco un pequeño oasis dentro de esta maratón de entrevistas: acababa de hablar con un joven cuando decidí preguntarle sobre cómo estaba viviendo desde su fe esta situación. Habló y le entendí. Continuamos la conversación derivando a otros temas de fe y la verdad es que salí muy animado de aquel rato. Reforzado, quizás por haber cambiado de tema tras tres días de ‘‘monotema’’ (valga la redundancia).

No era, sin embargo, la primera vez: de toda la gente que he entrevistado en Cataluña me he topado con muchos creyentes. Tras la entrevista formal les pedía que me contasen cómo vivían su fe en medio de esta crisis. Quiero resaltar brevemente algunos testimonios:

Para empezar, hay quien reconoce que no se había planteado el vivir la crisis desde la fe, otros acuden a su comunidad para poner en común una preocupación que es colectiva: cómo convivir con gente del día a día enconada en sus argumentos. Una persona asegura que ha visto afectados los valores cristianos en la segregación familiar y malos rollos con amigos debido a que mucha gente se deja llevar por el sentimiento, la rabia y la venganza a la hora de expresarse, movidos por el orgullo que circunstancias políticas venidas de más arriba provocan en la sociedad, y sin querer escuchar al otro. Este proceso de transformar la opinión en confrontación se ha dado también dentro de las propias comunidades cristianas, produciendo dolor, pero también la necesidad de buscar la solución como hermanos.

Una persona reconocía que no sabía qué hacer ante esta situación, no tanto por la gente de su entorno laboral, sino por sus hermanos de iglesia: por ello se apoyaba especialmente en la oración. Sobre la oración también me escribió una persona independentista: aseguraba que ser cristiano no quita para mojarse en política (reflexión que me ha llevado a elegir la cita que encabeza esta entrada), pero que era plenamente consciente de que todos somos hermanos y que debe dar ejemplo a los demás: por eso procura cuidar que la gente no se encone, fomentaba el diálogo, aunque sobretodo oraba para que la voluntad de Dios fuese el respeto entre todos. En esta línea alguien me escribía que este contexto permite una oportunidad de dar un mensaje evangélico de concordia, y también afirmaba que esta crisis es una prueba: los cristianos no podemos perder de vista nuestra misión, por muy tentadora que sea la idea de dejarnos embriagar por el sentimentalismo que tanto se está viviendo.

Otra persona me comentó cómo discutió con su mejor amiga por este tema, pero fue la confianza en la oración la que le permitió restaurar el vínculo.

Otro testimonio hablaba de cómo la fe le permitía analizar el contexto y valorar la solución con claridad e imparcialidad, en equilibrio con la razón y el sentimiento, haciendo de la caridad un escudo para evitar caer en la confrontación. La fe le lleva a buscar lo que es bueno para todos, y no lo que ella creyese que es lo mejor. Se podría decir que uno no es lo que determina una conciencia política, sino su corazón, sin olvidar que el corazón cristiano no tiene más modelo que Jesucristo.

Y esto es sólo una pequeña parte. Espero volver a Cataluña y seguir entrevistando a gente, aparte de quien deje caer por Madrid y Skype, pudiendo conocer así más testimonios de fe y seguir ampliando esta iniciativa.

¡Gracias a todos/as los/as participantes que os habéis prestado!