El Evangelio de Mateo

Cuando se iba de allí, al pasar vio Jesús a un hombre llamado Mateo, sentado en el despacho de impuestos, y le dice:

-¡Sígueme!

Él se levantó y le siguió.

Mt 9, 9-10.

A la hora de abordar el Ecumenismo en todas sus facetas considero importante dedicar un tiempo a las Sagradas Escrituras pues configuran una de las bases materiales de toda religión, siendo sus principales testigos. La idea es tratarlas desde las perspectivas histórica, teológica, metafísica y trascendental en la medida de los conocimientos, materiales y capacidades que este autor pueda alcanzar. Hoy abordaremos el primer libro del Nuevo Testamento: el Evangelio de san Mateo.
Hablemos del autor: aparte de ser el patrono de Logroño, Mateo era un publicano. ¿Qué es un publicano? Un publicano es la autoridad mandada por el Imperio Romano a recaudar impuestos a cualquiera de sus territorios. Por consiguiente, puede ser que Mateo no fuese natural de Galilea, sino extranjero. Según el Evangelio estaba trabajando en su puesto en Cafarnaún cuando Jesús le llamó. Cafarnaún se emplaza cerca al mar de Galilea y es lugar de continuo tránsito de comerciantes, pescadores, etc; así que movía mucho dinero que debía ser gravando mediante los impuestos correspondientes.

El obispo Papías (S II d.C.) es la única fuente que nos habla del evangelista fuera del Evangelio propiamente dicho, aunque su testimonio nos ha llegado a partir de terceros. En teoría afirmó que Mateo escribió su Evangelio para difundirlo entre los seguidores de Jesús en Galilea. Como en aquel entonces se hablaba arameo en Judea y griego, posiblemente lo escribiese en ambas lenguas. La pregunta filológica es: ¿cuál fue primero, el arameo o el griego? Como otros testimonios nos dicen que Mateo dedicó su escrito para los judíos convertidos al cristianismo, valoraríamos con más peso que fue el heleno: pensemos que el griego era el inglés de entonces en toda la cuenca del Mediterráneo y muy útil en un cruce de caminos de tantas civilizaciones como era Galilea, pues los seguidores de Jesús comenzaban a expandirse por todo el Imperio.

Reflexionemos sobre la llamada de Jesús: ¿por qué surte efecto tan rápidamente? A mí me gusta pensar que Jesús era una persona de una gran sensibilidad, que conocía a la gente sin necesidad de haberla tratado demasiado porque no miraba como el resto: Jesús veía más allá. Los publicanos eran considerados pecadores por tratar con dinero ajeno a los judíos y por las corruptelas que organizaban, sin embargo Él no vio la corrosión, sino a la persona tras el rol. Porque eso es la ‘misericordia’ de la que habla más adelante: poner el corazón (cardio/cordia) en la miseria del otro, empatizar y así entenderle.

Jesús pasó un tiempo en Cafarnaún: posiblemente se hubiesen cruzado alguna vez, o sus discípulos (según su Evangelio primero llamó a Pedro, Andrés, Santiago y Juan) hubiesen puesto a caldo a Mateo delante de Jesús. Lo que sí se puede reseñar es el pasaje inmediatamente anterior a éste: la curación del paralítico. ¿Y si Mateo desde su mesa de trabajo fue testigo del milagro y Jesús, dirigiéndose a él, sólo a él, aprovechase para decirle: ‘Sígueme’? Al igual que los cuatro discípulos pescadores, que precisaron del milagro de las redes llenas para seguir a Jesús, éste fuese el milagro que Mateo necesitaba. Porque, al igual que el paralítico, Mateo se levantó del que podía ser su apego y/o impedimento: su trabajo.

El Evangelio de Mateo guarda todas las llamadas de Jesús a cumplir con la Ley verdadera en la oración, limosna, ayuno, etc; es el evangelista que más pone en boca de Jesús el término ‘reino de los cielos’, recoge la misión papal de Pedro y es el único que menciona a los sabios de Oriente (los Reyes Magos). Con todo se trata del Evangelio más largo de todos. Quiero destacar ahora dos puntos especiales: el principio y el final.

El capítulo primero comienza con la genealogía de Jesús, enlazando así el Antiguo Testamento con el Nuevo: Jesús, el Mesías, Hijo de Abrahán: Abrahán engendró a Isaac, Isaac engendró a Jacob; Jacob engendró a Judá y sus hermanos… y así 42 generaciones hasta Cristo. Aunque cabe destacar que los judíos tenían la meticulosa tradición de guardar sus genealogías, Mateo resalta que el Mesías procede de la estirpe de David y, por consiguiente, de Abrahán: el primer judío. Esta referencia genealógica puede darnos a entender que Mateo era judío de origen, de ahí el interés por la ‘carta de presentación’, entrando más tarde al servicio de Roma.
En cuanto al final destaca este versículo.

‘‘Decid vosotros: Sus discípulos vinieron de noche, y lo hurtaron, estando nosotros dormidos […]. Y ellos, tomando el dinero, hicieron como se les había instruido. Este dicho se ha divulgado entre los judíos hasta el día de hoy’’.

Mt 28, 13-15.

Se trata de la versión oficial de los judíos hoy en día en cuanto a la verdad sobre la Resurrección de Jesús: podemos pensar que lo recoge para burlarse de ellos, aunque también lo podemos entender como muestra de lo que creen, y así alejarse de la jerarquía judía que maquinó este plan. No olvidemos que, aunque Jesús nació y murió judío, sus apóstoles murieron siendo cristianos.

Seguramente habrás pensado mientras leías este artículo que no me haya referido explícitamente al cuadro de Caravaggio. Lo retomaremos cuando hablemos de un concepto muy importante para todo ser humano: la vocación.

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