La Odisea de Hilaire

Hilaire me recuerda mucho a Astérix. Como el famoso guerrero galo, es pequeño de estatura, pero lleno de valor, decisión y fe en sus posibilidades. Hilaire es de Camerún, tiene veintisiete años y llegó en el verano de 2009 a nuestro albergue parroquial. Desde entonces vive junto a nosotros.

Su odisea no le ha borrado la sonrisa. Nos la regala varias veces al día, cada vez que nos cruzamos con él, cada vez que cambiamos con él unas palabras. Hilaire no deja nunca de sonreír. Cualquiera pensaría al verle que todo le va bien, o que ha tenido una existencia cómoda y que por eso vive feliz; pero nada más lejos de la realidad.

Su historia es la de tantos miles de jóvenes africanos que se ven obligados a salir de sus países para buscar en Europa, muchos entre nosotros, un futuro mejor, o simplemente un futuro, por humilde que éste sea.

Su odisea es semejante a la de tantos otros que atraviesan varios países de su continente en condiciones extremas hasta llegar a pisar suelo europeo en nuestras costas y ciudades.

Su viaje comenzó el treinta de junio de 2006 en la capital de su país, Yaundé; desde allí marchó hasta Garoa, en la frontera de Camerún con Nigeria; luego atravesaría Nigeria y después Níger, hasta llegar a Argelia; en Argelia la policía le detiene y es deportado a la frontera con Malí; vuelve por segunda vez a Argelia y, por segunda vez, la policía le vuelve a poner en la frontera con Malí. Desde Malí, junto a un compañero, viaja a Costa de Marfil; en Costa de Marfil trabaja durante un año y medio, llegando a ahorrar…¡trescientos euros!

De Costa de Marfil regresa a Malí; vuelve a atravesar ese país y llega por tercera vez a Argelia; atraviesa este país y llega a Marruecos. Más tarde conseguirá llegar hasta la frontera con Ceuta; allí permanece un año; por dos veces es detenido por la policía marroquí y cada una de esas veces es deportado hasta la frontera de Marruecos con Argelia. De nuevo entra en Marruecos; junto con otros cinco africanos reúnen dinero y compran una pequeña balsa de piscina hinchable con unos remos; y así, por mar, entran por fin en Ceuta a la una de la madrugada. Descubiertos por la policía española fueron llevados a un hospital y de ahí a un centro de internamiento para inmigrantes. Es el diecinueve de marzo de 2009; dos meses más tarde llegaría a Madrid.

En total empleó casi tres años de viaje. A pie, en coche, en autobús, en tren y en balsa; y recorrió casi doce mil kilómetros.

Si yo o cualquier español quisiéramos ir de Madrid a la ciudad de Hilaire, Yaundé, en Camerún, tendríamos que recorrer al menos de cinco mil kilómetros y emplearíamos no más de ocho horas de avión.

Doce mil kilómetros para Hilaire, cinco mil para nosotros; tres años de viaje para Hilaire, ocho horas y media de viaje para nosotros.

La odisea de Hilaire la conocemos; de otros muchos africanos nada sabemos, porque después de mucho esfuerzo fueron tragados por el mar o por el desierto.

Hilaire fue uno de los que llegó para regalarnos esa sonrisa suya tan sincera, tan amable, que no parece recordar, ni guardar rencor, ni amargura por tantos sacrificios, penurias, incertidumbres, peligros y dolores como sin duda soportó. Nada le ha borrado su sonrisa, su confianza en sí mismo, en sus posibilidades y en su futuro. Nada le ha quitado ni la esperanza ni la alegría.

Muchos africanos como Hilaire poseen esa misma esperanza y esa misma alegría, y nos regalan cada día a los que tenemos la inmensa suerte de estar cerca de ellos.

Los africanos son, siempre lo he dicho, seres humanos especiales, especialmente valientes, especialmente amables, especialmente buenos.

José Ramón Carrasco Recio

Publicado en La Sonrisa de Dios y otras pequeñas historias cristianas

José Ramón Carrasco Recio

Autor de, entre otros: "Dios es Negra y otras minúsculas historias cristianas" "La sonrisa de Dios y otras pequeñas historias cristianas" "Los hijos de Dios y otras mínimas historias cristianas" "Aquel blancor de las cosas de Dios y otras concisas historias cristianas" ...

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