San Valentín de ceniza

El artículo de hoy está dedicado a la reflexión personal sobre un hecho calendárico que nos puede dar qué pensar: hoy coinciden la onomástica de san Valentín con el miércoles de ceniza. No ocurría desde 1945, y no volverá a ser así hasta 2024. Y sí, este año ambas fechas coinciden con los octavos de final de la Champions.

Sobre la vida de san Valentín han corrido ríos de tinta, muchos de ellos basados en argumentos no contrastados históricamente al 100%. Si fue o no obispo, el año que murió, etc, son algunas de las preguntas que no se pueden responder sin afrontar algunas lagunas.

Adjunto al final de estas líneas un link con una descripción biográfica veraz, y no la primera que sale en el buscador de Google, sobre el ‘pseudo-santo’. Este artículo afirma que una leyenda altomedieval sitúa a Valentín casando a un soldado romano con una cristiana y que su sentencia de muerte no viene por el hecho de casarles, sino de haberles unido en matrimonio omitiendo el rito pagano. Es martirizado un 14 de febrero, día de la onomástica, aunque cabe destacar que durante el Concilio Vaticano II la Iglesia hizo una ‘purga’ de santos, mediante la que eliminó a una serie de santos más relacionados con la leyenda que con la Historia. Y este san Valentín fue uno de ellos.

Existiese o no, el 14 de febrero es y será el día internacional de los enamorados por los siglos de los siglos. Y hoy corren ríos de tinta de reflexiones sobre este día: las cosas importantes del amor en pareja, cómo cuidar el día a día, hacer de la rutina algo extraordinario, etc. Siempre es bueno recordar estos argumentos, aunque destaco los videos del canal de YouTube ‘‘San Valentín’’. La fundadora de este blog ha compartido el de este año en la entrada precedente a esta. Sublime.

Joaquín Sabina tiene varias canciones que para mí son dogma para entender el amor. Una de ellas, ‘‘Amor se llama el juego’’ (Física o Química, 1992) contiene una frase que me ha dado y me da mucho de qué pensar: Y cada vez más tú, y cada vez más yo sin rastro de nosotros’. La canción cuenta un episodio de crisis en una pareja, dañada por esta pérdida de comunión. En verdad, las personas que aman de verdad a otra persona, y así se les corresponde, están llamadas a forjar un vínculo más allá de la muerte. Por eso a veces es bueno pararse a pensar cómo estoy viviendo mi relación con esa persona, sea mi pareja, un familiar o un amigo. El miércoles de ceniza es buen momento para reflexionar sobre nuestra relación de amor, en este caso, con el Padre. ¿Por qué? El gesto de imponer la ceniza sobre la frente es un símbolo: el miércoles de ceniza no es día de prefecto y el gesto no es un dogma, sino una tradición que sirve para recordarnos que somos polvo y al polvo volveremos[1] con nuestra muerte, pues nuestro cuerpo perecerá. Hasta entonces la cuestión radica en cómo morir a las cosas que nos separan de Él.

Por eso las cenizas representan nuestros frutos, tanto los buenos como los malos. Todo lo que tenemos, porque en eso se convertirán en el momento de dejar esta vida. Es como las ofrendas de Caín y Abel: Dios les pide ofrendar lo mejor de su trabajo. El hermano agricultor es orientado por Dios para ser santo. No le dice que su ofrenda sea mala, pues se ha convertido en polvo como la de Abel[2], sino que ofrende su actitud, lo malo que tiene.

En base a esta mención a nuestras obras e intenciones, leí el otro día un artículo, a raíz del escándalo desatado por la denuncia de acoso sexual a un conocido cineasta de Brooklyn, y que venía a decir que una obra, por muy buena que sea, si es creada por un monstruo, carece de valor. Ahí lo dejo por ahora.

La cuaresma conmemora los cuarenta días de purificación de Jesús en el desierto dedicados a orar con Dios y a trabajar su relación con el Padre. Mantener una relación es algo muy serio, no es fácil, y la relación Dios no es la excepción. Para mí la clave de toda relación es la sinceridad, y aquí quiero mirar de nuevo a Cristo: Jesús confió en Dios presentándole sus virtudes y debilidades y así, juntos derrotar al demonio en aquella ocasión. Seguramente Jesús salió completamente convertido y enamorado del Padre, porque enamorarse conlleva convertirse en un ‘somos’, es decir, olvidarse de uno mismo para ser uno con la persona amada. Eso sí, el camino es harto árido, como un desierto: hay dudas, trampas, pensamientos inútiles, y orgullo como el que sentía Caín. Pero nunca se convertirán en ceniza si no se lo ofrecemos a Dios, y así pasen a formar parte del polvo del desierto.

Un largo desierto, como el que le espera a más de un madridista si su equipo pierde contra el PSG. ¡Mucha suerte, feliz día de los enamorados y mejor Cuaresma!

http://www.preguntasantoral.es/2011/02/san-valentin/

[1] Cabe recordar que toda la materia conocida está formada del polvo de estrellas, esparcido por el espacio tras una supernova para luego condensarse formando planetas y astros.

[2] El Génesis no dice que las ofrendas fuesen quemadas, aunque podemos deducir por la tradición que fuese así.

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