Semana de Oración por la Unidad de los Cristianos (SOUC)

‘‘Que todos sean uno como tú, oh Padre, en mí, y yo en ti, que también ellos sean uno en nosotros; para que el mundo crea que tú me enviaste’’. (Jn 17, 21).

Como apunté en la entrada anterior, la motivación ecuménica surgió en mí a raíz de acudir a la Semana de Oración por la Unidad de los Cristianos (SOUC) del 2016.

Esta semana comienza la Semana de Oración de 2018 y por eso, antes de comenzar con las entradas dedicadas a explicar el ecumenismo como tal, la de esta semana está dedicada a abordar una de tantas facetas prácticas que los cristianos ecuménicos ofrecen al mundo, y que son estas jornadas.

Se trata de un Octavario, es decir, ocho días dedicados a un motivo religioso. Tiene su historia, como todo lo creado por el hombre: tras varias publicaciones, reuniones, asambleas y oración sobre cómo enfocar la unidad cristiana por parte de iglesias protestantes y anglicanas durante el siglo XVIII y XIX, el Papa León XIII en 1894 propone la práctica del Octavario de unidad en un momento concreto del año: Pentecostés. Recordemos que fue Pentecostés el momento en que los discípulos reciben la gracia de salir y comenzar el apostolado evangélico. Sin embargo no es hasta 1908 cuando se celebra por primera vez en el contexto anglicano. Durante la primera mitad del siglo XX este proyecto ecuménico vivirá distintos avatares: las dos guerras mundiales, el ser considerado como una herramienta de la Iglesia romana por ‘reconvertir’ a los no–católicos, etc. Sin embargo se seguirá trabajando sobre cómo enfocar este Octavario. Finalmente el Concilio Vaticano II en 1964 ratifica que la oración es el alma del movimiento ecuménico, apoyando a su vez el Octavario. La primera Semana de Oración se celebró en 1968 tras el trabajo común de organismos católicos, ortodoxos, protestantes y anglicanos como ‘Fe y Constitución’ o el Consejo para la Promoción de la Unidad de los Cristianos, y desde entonces se viene celebrando interrumpidamente hasta la actualidad, cada año bajo un lema bíblico. El de este año 2018 pertenece al Éxodo: ‘‘Fue tu diestra quien lo hizo, Señor, resplandeciente de poder’’ (Ex 15, 16). Aunque es por todos consensuado que el lema del Octavario sea la cita que encabeza esta entrada.

Vemos por tanto que el camino ha sido largo. Cabe ahora preguntarnos: ¿cómo se desarrolla el Octavario? Funciona de la siguiente manera: ocho iglesias cristianas abren sus puertas para que los interesados por esta Semana de Oración acudan a rezar las vísperas del día, que incluyen lectura de un pasaje de la Biblia en general y/o del Evangelio en particular. Ya de por sí compartir la escucha en común es algo sublime, aunque quisiera resaltar el hecho de que quien predique sobre la lectura sea un religioso de otra confesión de la iglesia en la que se celebra. Es quizás lo que más me impresionó: contemplar a un sacerdote católico reflexionar sobre un Evangelio en una iglesia anglicana, a un pope ortodoxo rumano en un templo evangélico, una pastora evangélica en una iglesia católica… y así todas las combinaciones posibles. Y sí, reconozco que al principio acudía con el temor y temblor de que cada predicante contuviese sus ganas de ‘barrer para casa’, pero hay casos concretos en los que ves que la mayoría hablan con el corazón, dejando que sea el Espíritu Santo quien se exprese. ¿Qué cómo lo sé? Lo sé. Simplemente lo sé.

El Papa Francisco defiende tres claves para el ecumenismo: la acción práctica común (por ejemplo: voluntariado), la lectura, discusión y reflexión común sobre la Biblia y, sobretodo, la oración conjunta. Si extrapolamos estos tres pilares a la vida de Jesús vemos perfectamente cómo Jesús hacía milagros, conocía y comprendía muy bien la Ley de su tiempo y también dedicaba tiempo a la oración. Posiblemente el orden de los factores sí altere el producto: en la oración presentamos ante Dios nuestras inquietudes y proyectos para que todo lo que hagamos tenga siempre su observancia. Hay muchos grupos que antes de salir por las calles a repartir bocatas a los desfavorecidos, de impartir una catequesis o de comenzar un debate teológico, dedican un buen rato a ofrecer ese momento que van a vivir ante Dios, y lo tienen presente durante toda la actividad.

A uno le puede llamar la atención que la media de edad de los grupos que se reúnen cada tarde durante esta Semana sea alta. No voy a decir ahora que es responsabilidad de la Conferencia Episcopal el llegar a más jóvenes, porque en este tema, y otros muchos, tenemos que poner de nuestra parte difundiéndolo. Además, en medio del mundo de las redes sociales, hay pocas excusas para no mover un dedo. Yo ya lo he difundido e intentaré acudir las tardes que pueda, aun estando de exámenes.

Creo que el mejor fruto de estas jornadas es pedir para que no haga falta esperar todo el año a la Semana de Oración, sino crear iniciativas en parroquias, comunidades o grupos de oración, de orar en común con otros cristianos. Ya los hay, no lo niego, pero podemos seguir impulsándolo.

Aquí dejo el enlace con todos los materiales, horarios e información de la Semana de Oración en Madrid.

http://www.conferenciaepiscopal.es/semana-de-oracion-por-la-unidad-de-los-cristianos-2018/