Welcome Janet- L’Arche (1)

L´Arche Cork (22//2017)

  • “DOCHAS”

Dochas, uno de los nombres de las casas de la comunidad de L´Arche en Cork. Dochas, por ir al grano, es mi nuevo hogar irlandés. Dos casas gemelas, una al lado de la otra en Togher road. Dochas 1 y Dochas 2. Esperan Michael, Colm, Mainza, Inma en la primera; Therese, Aiofa, Monika en la segunda. Fabio y Vanesa responsables en las dos. Se funciona en las dos casas como una sola, como un mismo equipo. Unos son voluntarios, otros residentes; unos con y otros sin discapacidad intelectual; unos irlandeses, otros de cualquier otra parte. Las diferencias entre unos y otros, los que pueden y los que no, desaparecen. Sea quien sea, es una vida compartida unos con otros. Dochas, como cada una de las casas del L´Arche en Cork, lleva un nombre gaélico: Esperanza.

En Dochas (2), me espera un cartel de bienvenida pegado en la puerta de mi habitación: “Welcome, Janet”. Una caligrafía de niño, con esas letras que sabes que han sido escritas sacando la lengua y con toda la atención puesta en ello, detenida y muy seriamente; casi como si el mundo entero dependiera de cada “W” “E” o “N” escritas.  Las pegatinas de purpurina de globos, de manos colocados con cierto arte alrededor de las letras. Todo ello sobre un fondo amarillo. El cartel de bienvenida tiene cada uno de los nombres de mis nuevos compañeros, con o sin discapacidad. Aleatoriamente colocados, sin orden, sin jerarquía. Todos iguales, todos distintos. Ese “Welcome, Janet” sobre fondo amarillo, habla de que me esperan, sin ni siquiera conocerme; que han pensado en mí, incluso antes de encontrarse conmigo; que me acogen, antes de ponerme cara o voz. Ese cartel de bienvenida pegado en mi puerta deja entrever algo de lo que es Dochas, lo que es la Esperanza.

Supongo que alguien que cae por un tiempo en una casa que se llama Dochas (Esperanza) tiene que encontrar cierto sentido a esta cosa del “destino”: Vivir en Esperanza. Como una llamada a vivir eso de la esperanza, a vivir en la esperanza. Pero ¿Qué es la esperanza? (Y entonces a la cabeza me vienen unos fragmentitos de Péguy): “Lo que me asombra, dice Dios, es la esperanza, y no salgo de mi asombro. Esta pequeña esperanza que parece una cosita de nada, esta pequeña niña esperanza, inmortal”. La Esperanza como si fuese una niña, como si ya el cartel de bienvenida alumbrase esto.

Como si Aoifa (que, al poner Frozen, empieza a transformarse en la princesa Ana, con cada una de sus palabras y gestos- esto implica tener durante toda la película una voz al ralentí, que duplica el guión, en tu mismísimo salón-), ya alumbrase esto.

Como si Michael (mirando al frente, serio, sin hablar. De repente, empieza a soltar unas cuantas carcajadas. Nadie sabe de qué se ríe [¿Qué es tan gracioso?- preguntan]. Él tampoco lo sabe [No tengo ni la menor idea- dice]), ya alumbrase esto.

Como si Therese (quiere el boli rojo, la taza roja, el cuaderno rojo, la mochila roja. Enseña orgullosa sus pies: lleva sus calcetines de Navidad con Rudolf, el de la nariz roja), ya alumbrase esto.

Como si Colm (con sus gafas, su jersey de ochos, sus gestos correctos y educados. 51 años. Un tertuliano en sus formas. Afirma sin tapujos, entre una dicción algo incomprensible y ese gesto elegante, que le maravilla One direction), ya alumbrase esto.

Y es como que la esperanza, como niñita pequeña que dice Péguy, se encarnase en cada uno de ellos. Se encarnase en la misma casa. Dochas haciéndose Esperanza.

“Por el camino empinado, arenoso y estrecho,

arrastrada y colgada de los brazos de sus dos hermanas mayores (se refiere a la Fe y a la Caridad)

que la llevan de la mano,

va la pequeña esperanza

y en medio de sus dos hermanas mayores da la sensación de dejarse arrastrar como un niño que no tuviera fuerza para caminar.

Pero, en realidad, es ella la que hace andar a las otras dos,

y la que las arrastra,

y la que hace andar al mundo entero y la que le arrastra.

Porque en verdad no se trabaja sino por los hijos

y las dos mayores no avanzan sino gracias a la pequeña

(Palabras cristianas, C. Péguy)

Y, tal vez, Dochas habla de esto. De pequeñez. De “niñitos”. Y de avanzar gracias a estos pequeños, a estos débiles, a estos que llamamos “discapacitados”. Empieza así el camino en Dochas, caminando de la mano de los “pequeños”, de la mano de la esperanza.

Dochas

Feirm Bawn, SpurHill, Togher road, Cork T12 CH29

Janet Prado